El Gabinete Literario presenta “El Nuevo Guiniguada”, el libro póstumo de David Bramwell - Gabinete Literario

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08 Nov

El botánico, que destaca “el gran valor de los árboles”, propone “la formación de áreas de bosque” donde ahora hay una autovía

Hijo adoptivo de Gran Canaria y miembro de la Orden del Imperio Británico, dejó escritas su ideas sobre cómo resolver la cicatriz que separa los barrios de Vegueta y Triana, en Las Palmas de Gran Canaria

El presidente del Gabinete Literario y el periodista Javier Durán presenta la obra en el Salón Oriente

 

8/11/2022

El presidente del Gabinete Literario, Juan José Benítez de Lugo, y el periodista Javier Durán han presentado este martes “El Nuevo Guiniguada”, el libro póstumo de David Bramwell en el que el botánico desarrolla su visión sobre lo que debe hacerse con la autovía que desde el siglo pasado separa los dos barrios históricos de Las Palmas de Gran Canaria a modo de cicatriz de asfalto.

La recuperación del Guiniguada a su paso entre Vegueta y Triana es un objetivo irrenunciable del Gabinete Literario, a cuya directiva perteneció Bramwell durante más de dos décadas. Juan José Benítez de Lugo ha destacado este martes en el acto desarrollado en el Salón Oriente, el compromiso de Bramwell con el Gabinete Literario, para el que supuso “un plus de ilustración”, y ha reiterado la intención de la sociedad de impulsar un jardín de flora endémica que lleve el nombre del botánico británico que eligió ser canario.

David Bramwell (Liverpool, 1942 – Las Palmas de Gran Canaria, 2022) dirigió el Jardín Canario Viera y Clavijo de Gran Canaria tras la muerte de su fundador, Enrique Sventenius, en 1973, y hasta su jubilación en 2012.

Destacado investigador de la flora macaronésica, docente y conferenciante, Bramwell llevó su entusiasmo a otras esferas de la vida social canaria, desde su puesto en la directiva del Gabinete Literario, como Gran Maestre de la Orden Templaria de Gran Canaria, o como colaborador de la asociación Pequeño Valiente, entre otras iniciativas.

En su obra póstuma, el botánico que recibió la Orden del Imperio Británico  de manos de Isabel II, y entre otras condecoraciones, el primer Premio César Manrique de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, describe la flora, la fauna y los insectos del Guiniguada, a través de sus textos, fotografías y las ilustraciones de Zoe Bramwell.

Una de los capítulo de «El Nuevo Guiniguada».

En el libro el botánico nacido en Liverpool afirma que el proyecto de renovar y recuperar el barranco del Guiniguada “ofrece una gran oportunidad de crear un espacio verde nuevo y un corredor verde en la entrada de la ciudad. En el desarrollo del proyecto”, subraya el también hijo adoptivo de Gran Canaria, “sería fundamental reconocer el gran valor de los árboles y la formación de áreas de bosque”.

En palabras de Javier Durán, en este libro Bramwell “se introduce en el pasadizo del tiempo, y con la humildad de un maestro ofrece luego las pautas para el nuevo Guiniguada: qué plantar, cómo regar, los cuidados, las pérgolas, los árboles, la sombra, los Inma sextos, las aves … Son las recomendaciones de un sabio”, afirma el periodista, “que, en el último tramo de su vida, se obstina en seducirnos para que no renunciemos al edén, para que nos mantengamos firmes en la consecución de este corredor”.

El libro “El Nuevo Guiniguada” es una producción de El Gabinete Literario, Centro UNESCO Gran Canaria,

Portada de «El Nuevo Guiniguada», de David Bramwell

Prensa Ibérica y el Gobierno de Canarias. Editado por Promedia Comunicación, incluye ilustraciones de Zoe Bramwell. Se pondrá a la venta en la librería Canayma de Las Palmas de Gran Canaria y los beneficios se destinarán a ONGs con las que colaboraba su autor.

 

 

 

 

 

 


A continuación se reproduce el texto íntegro leído por el periodista Javier Durán en la presentación del libro de David Bramwell «El Nuevo Guiniguada». Martes 8/11/2020

Buenos días a todos y a todas las asistentes a este acto de presentación. Quiero agradecer a la familia Branwell y al Gabinete Literario la confianza depositada en mí persona para acercarlos a este libro póstumo de David, que entiendo como un testamento vital y científico de las preocupaciones que han marcado su trayectoria humana y profesional como botánico. 

Un objetivo que en el caso del texto ‘El Nuevo Guiniguada’ es indisoluble de su condición de ciudadano enraizado a este territorio, comprometido con el progreso y dispuesto a ofrecer sin nada a cambio sus conocimientos para el bienestar de la colectividad. Me inspira por tanto un profundo respeto interpretar este legado luminoso que hoy nos convoca aquí, una llamada apasionada contra el conformismo, pero a la vez la escritura de un guión que nos dona un marco sereno para convivir con la naturaleza y también para recuperar los paraísos perdidos. 

Desde estas premisas, abordo el cometido con el compromiso de transmitir en su justa medida un pensamiento, una hoja de ruta para la consecución definitiva de un espacio libre y natural para Las Palmas de Gran Canaria, meta que aquí redobla su motivación esperanzadora a través de ese sentido común ‘bramwelliano’ que nos lleva a exclamar: ¡Qué estúpidos somos perdiéndonos la visión de la vida que este libro nos ofrece!

Llevamos décadas y décadas estigmatizados por el malestar provocado por el cambio del paisaje del barranco Guiniguada a su paso por Vegueta y Triana, un medio natural que alcanzó el culmen de su destrucción con la realización en el siglo pasado de una autovía, una mole asfáltica cuya realidad sigue ahí pese a los avances en el conocimiento urbanístico, la modernización de las técnicas constructivas para acabar con infraestructuras obsoletas, la creciente llamada a la recuperación de zonas verdes en la ciudades, la eliminación del tráfico en los núcleos históricos… Cientos de razones a favor, y ninguna en contra, para certificar la defunción de esta anomalía en el mismo centro histórico-cultural de la capital. 

Frente a este escenario contra la ciudad y el ciudadano que ha logrado normalizarse y ser somatizado como mal irreparable, Bramwell se adentra desde su condición de naturalista en el viejo Guiniguada, persigue su trayectoria desde la Cumbre, reconoce sus recovecos y accidentes geográficos, despliega con generosidad el catálogo de su flora y fauna, explora como los primeros botánicos, extrae las mejores muestras para su gabinete científico y finalmente coloca ante los ojos del principiante un acervo olvidado, aniquilado o agónico bajo el narcótico del hormigón.

No hay mejor estrategia para convencernos de que hay alternativa frente a la pasividad de los gestores políticos, que han manoseado el Guiniguada desde todas las formas posibles sin que todavía se vislumbre una luz restauradora.

Pero no se trata, como bien subraya su título, de un libro para nostálgicos. Nuestro autor se introduce en el pasadizo del tiempo, y con la humildad de un maestro ofrece luego las pautas para el Nuevo Guiniguada: qué plantar, cómo regar, los cuidados, las pérgolas, los árboles, la sombra, los insectos, las aves… Son las recomendaciones de un sabio, que, en el último tramo de su vida, se obstina en seducirnos para que no renunciemos al edén, para que nos mantengamos firmes en la consecución de este corredor. 

Sí, porque Branwell es consciente de que el crecimiento agobiante de las ciudades nos aboca, por desgracia, al disfrute de un verde cada vez más limitado, una condición, que, no obstante, no debe ser incompatible con la calidad del espacio disponible. Me atrevo a decir que tras sus instrucciones late el deseo de que la vegetación prime frente a otras propuestas reformistas que pretenden hacerle hueco al rodamiento de  vehículos a motor. Su informe es un exhaustivo inventario para conseguir el retorno a la naturaleza: hablamos del paseo. En el año del centenario de la muerte de Marcel Proust, el deterioro  climático y la aspiración por el bienestar de la salud se entremezclan con la prosa interminable del escritor francés, esculpida precisamente para ser leída en lugares donde el tiempo ni ocurre ni pasa. ¡Cuánto deseamos encontrar espacios así en nuestras ciudades! Bramwell nos ofrece el aliento para conseguirlo.

Hace unos años una serie de personas nos propusimos desencallar la intervención para naturalizar el Guiniguada, que desde el proyecto del arquitecto Joan Busquets y su disolución había entrado en estado durmiente. Bajo el patrocinio del Gabinete Literario hemos promovido conferencias, mesas redondas y la creación de una web para articular un estado de sensibilidad sobre la cuestión. 

Como he dicho con anterioridad, pese al anacronismo obvio que es tener una autovía que atraviesa el corazón del casco histórico-cultural -algo inédito- sigue ahí, aunque en la actualidad con sus arcenes convertidos en aparcamientos de dudosa legalidad después de que su rentabilidad viaria se haya convertido en residual tras la creación de la Circunvalación. 

Difícil de cuantificar el daño que su supervivencia ha supuesto, más allá de la desazón que provoca que una generación no pueda corregir el desaguisado de otra anterior. Hoy somos testigos de un espacio donde el deterioro se acelera a pasos agigantados e irradia su efecto negativo sobre un patrimonio único como son Los Riscos pintados por Oramas. O que con sus muros ciclópeos de contención hunda Vegueta-Triana y reduzca la movilidad de unos vecinos asediados por el guirigay diario de tráfico. Imposible aspirar así a Patrimonio de la Humanidad o a Capital Cultural Europea.

En 1962 un pleno del Ayuntamiento capitalino, aún bajo la Dictadura, sancionó un Plan General de Ordenación Urbana ideado por los urbanistas Juan Armas Guerrero y Vicente Sánchez de León, un documento que marcaba un antes y un después para el Guiniguada, cuya fisonomía urbana, flora y fauna se extinguía bajo el asfalto dada la prioridad de buscar una salida al tráfico en dirección al centro de la Isla. La decisión urbanística suponía la desconexión del territorio municipal y de sus habitantes de su raíz geográfica, pero también de una cultura cargada de referencias etnográficas vinculadas a la agricultura y al uso del agua. Esta alteración se ha intentado subsanar con sucesivas intervenciones para mejorar lo que con el tiempo se bautizó como sendero del Guiniguada a partir del Pambaso y accesible para los ciudadanos después de sortear los múltiples obstáculos con los que se encue debido al cerco de la Autovía.

Para el grupo de personas de la sociedad civil que promovemos la transformación del Guiniguada a partir de su desembocadura en el Atlántico, la aportación de David nos llena de satisfacción y agradecimiento a su persona. A la hora de ponernos a su disposición teníamos claro que era el más capacitado para encontrar el eslabón que nos faltaba: conectarnos a través de su conocimiento con el viejo Guiniguada para poder pensar en el nuevo. No nos ha decepcionado.

En las fotos que se proyectan tras los intervinientes, Bramwell recibe la Orden del Imperio Británico de manos de la reina Isabel II.

Vivimos una época donde la ecología, el medio ambiente y la sostenibilidad se han convertido en mercancía política. Un día sí y otro no asistimos a un espectáculo donde proliferan las promesas sobre proyectos que no llegan a nada, o que se resuelven a medias sin rubor alguno, o que pasan al archivo de las recreaciones digitales en el cementerio de la manchas verdes, tan de moda para ser incrustadas en cualquier proyecto de desarrollo urbanístico. El libro de Bramwell es una buena protección para enfrentarse a esta verbena multicolor: nos recuerda la necesidad de retomar las compromisos que no se han podido o querido cumplir.

Y lo hace desde una llamada a la reflexión de todos frente al momento crucial que vive el planeta, donde los árboles tienen que ser un elemento clave para obtener una mayor calidad de vida. El magisterio de un sabio, por tanto, que desde la concreción del Guiniguada nos desvela un panorama contra el que hay que revolverse. Bramwell ha conseguido la plenitud a la que aspiran la mayoría de los científicos, que es poder hacer comprensible a la sociedad sus investigaciones e influir de forma positiva a través de sus hallazgos. En un tiempo donde abundan los discursos de charlatanes que pisotean el conocimiento, la consecución del objetivo de llegar al mayor número de personas a través de la ciencia no es baladí. Que nadie espere encontrar en este libro la práctica arquitectónica o urbanística para llevar a cabo la transformación. Corresponde a los políticos arbitrar las medidas para subsanar el fracaso, siempre desde la participación ciudadana y con un modelo de selección que de cabida a la excelencia, tal como se merece el núcleo histórico de este municipio, así como sus ciudadanos. 

Los que instamos a la metamorfosis tratamos de enriquecer la modernización y adecuación de la ciudad, y la prueba más evidente de ello es el libro ‘El Nuevo Guiniguada’. Crecen nuevos hoteles entre Vegueta y Triana y aumentan los turistas por el flujo de los cruceros, pero la autovía sigue ahí entorpeciendo el testimonio histórico y el desarrollo pleno de la sinergias económicas. 

La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, el Club Victoria, la Orden del Cachorro, Triana a Cielo Abierto, la Fundación Universitaria, el Colegio de Economistas, el Colegio de Farmacéuticos, Amigos Canarios de la Zarzuela, el Club Victoria, Be Cordial, la Casa de Vegueta, la Escuela Luján Pérez, el Club La Provincia y esta casa que nos acoge apoyan, entre otros, la transformación. Por su parte, vecinos e interesados como Juan José Benítez de Lugo, Tomás Van de Walle, Lluis Serra, Jerónimo Saavedra, José Antonio Sosa Díaz-Saavedra, Manolo González, Herminia Fajardo, Magüi González, Alicia Salcedo, Esther Arencibia Urien y Chicho Mayoral nos hacen partícipes, a través de sus vídeos, de la incertidumbre por el retraso en para acometer la iniciativa. Todos están en la web que hemos creado ex profeso para la divulgación del propósito.

David Bramwell nos dejó huérfanos en el momento en que más necesitamos de personas con su perspectiva y talante. A él le debemos el sostén en el tiempo del legado del Jardín Botánico Viera y Clavijo, no sólo como remanso de paz para los isleños, sino también por el carácter determinante que la institución científica tiene como reserva única de especies endémicas en extinción. ‘El Nuevo Guiniguada’ condensa los principios de actuación del autor; entre ellos, el que inclinaría la balanza de una manera ostentosa: la naturaleza como seña de identidad. 

Gracias   


 

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