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ES PERSONAL poéticas sobre trabajo, violencia y género


ALICIA FRAMISTERESA MARGOLLES

Sala de Arte Social del

Gabinete Literario de Las Palmas

7 marzo – 7 abril

Inauguración: 7 marzo, 19:30 h

RAISA MAUDIT

Sala de Cristal del

Cabildo de Gran canaria

14 marzo – 26 marzo

Performance: 14 marzo, 19:30 h

Un comisariado de PSJM

Organiza: Unidad de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria

El 7 de marzo se inaugura en la Sala de Arte Social del Gabinete Literario de Las Palmas la muestra «Es personal. Poéticas sobre trabajo, violencia y género» con obras de Alicia Framis y Teresa Margolles. El 14 de marzo, Raisa Maudit realizará un performance en la Sala de Cristal del Cabildo de Gran Canaria. La exposición «Es personal» está organizada por la Unidad de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria y comisariada por el equipo de creación, teoría y gestión PSJM (Cynthia Viera y Pablo San José).

Marco teórico

«Lo personal es político». El lema feminista de Kate Millet pone el acento en que, si bien lo público ha sido considerado universalmente como el espacio de lo político, de las leyes y de la razón –de lo masculino–, en el ámbito privado también se ejerce un poder político, de dominación y opresión, del hombre sobre la mujer. Y, por tanto, si se da un poder de dominación, puede darse un contrapoder de emancipación y liberación. Para revertir esta ‘política sexual’ (Millet), para invalidar el originario ‘contrato sexual’ previo al contrato social (Pateman), la dicotomía público/privado ha de ser superada.

«Es personal» apunta, además, en otras direcciones teóricas que tienen que ver con el concepto de persona y de sujeto en la modernidad. La mujer ha sido relegada culturalmente al ámbito de la necesidad, de lo privado, de lo natural, considerada incapaz de ir más allá de lo particular y lo subjetivo, de alcanzar el pensamiento de lo universal necesario para regirse por la norma y abrigar el sentido de la justicia —así lo creían Kant, Rousseau y muchos otros “grandes padres” del pensamiento occidental—. Con esta caracterización interesada se le niega a la mujer el estatuto de humanidad, no llega a ser persona. Ni tampoco a ser sujeto, sino que tan solo “está sujeta” al orden patriarcal.

La categoría de sujeto entra en crisis. Por un lado, esta misma descripción del sujeto como “sujeto a estructuras sociales” –como marioneta de la cultura y la sociedad– es extendida a todo ser humano por el antihumanismo estructuralista de autores como Althusser o Foucault. Y por otro, la llegada de la postmodernidad hace que se resquebraje la categoría moderna de sujeto racional. El mundo moderno aparece como la construcción de un sujeto capaz de desencantar el mundo mítico para liberarse a sí mismo y conseguir la autonomía, pero que «al convertir en objeto todo lo que toca empeñado en su autoafirmación, se erige en dominador de todo aquello que ha objetualizado» (Molina Petit). Es decir, para conseguir la subjetividad y la autonomía, para que exista un sujeto, debe haber un objeto, y el objeto siempre ha de ser dominado. Ya la subjetividad trascendental de Kant, en su crítica de la razón práctica, advierte y prescribe que el resto de sujetos han de ser tratados por uno mismo como sujetos y no como objetos, es decir, como fines en sí mismos y no como medios para llegar a un fin. Una ética ilustrada que deberá competir con una ética económica también ilustrada, la smithniana de la mano invisible, la del egoísmo como motor del progreso económico y social. En cualquier caso, la mujer, en principio, se queda fuera de este dilema ético de la ilustración, del contractualismo y de la razón práctica, del sentido de la justicia y del estatus de sujeto. Sin embrago, los mismos principios ético-políticos de la ilustración harán posible el nacimiento de la teoría y el movimiento feministas.

Es personal, ahora es personal. Una vez demostrada la capacidad femenina para trabajar y regirse por normas universales y abstractas, para acceder al ámbito de la razón dialógica —al foro, al ágora, a lo público— y una vez puestas en cuestión las categorías universales de la modernidad, es el momento de feminizar lo público, de repensar los valores adscritos tradicionalmente a los sexos y poner en valor lo particular, lo subjetivo, en definitiva, lo personal.

Porque «es personal» también habla del trabajo, de la economía y de la supuesta objetivación de la razón económica, económico-política. «Son negocios, no es nada personal», se dice cuando se aplasta a un rival en el marcado. «Es la economía, no es algo personal», le dice quien despide a quien engrosará las filas del paro. ¡Pues claro que es personal! Todo es personal, porque afecta a las personas, no a números, ni a nombres hechos de letras, ni a fotos de carnet. Es personal porque afecta a personas de carne y hueso, con sus historias, sus proyectos, sus afectos. Es personal.

Ahora, es personal. Comenzó este año 2019 con 8 mujeres asesinadas a manos de su pareja o ex-pareja. Ocho, un número, objetivo, que esconde ocho vidas, ocho familias, ocho tragedias. Es personal, porque no es “violencia doméstica”, como insiste en defender la ofensiva del neofascismo vestido de calle. Es violencia contra las mujeres, por ser mujeres. Ahora es personal, porque tiene carácter de urgencia no retroceder ni un paso, no dejar hueco a la regresión opresiva.

Doble exposición

Este es el sentido de esta exposición, que se despliega en dos espacios. En la Sala de Arte Social del Gabinete Literario se establece un diálogo entre las obras de Alicia Framis y Teresa Margolles, dos artistas de renombre internacional pertenecientes a una generación que despunta en los años 90. Ambas han representado a sus países en la Bienal de Venecia: Margolles a México en 2009 y Framis, que vive y trabaja en Amsterdam, a los Países Bajos en 2003. La muestra «Es personal» se completa con una intervención en la Sala de Cristal del Cabildo de Gran Canaria a cargo de la joven artista palmera Raisa Maudit, cuyo trabajo está recibiendo ya un notable reconocimiento institucional con su presencia en espacios como MUSAC (León), CA2M (Madrid) o la Fundación Miró (Barcelona).

Sería tentador encuadrar este inesperado diálogo entre Margolles y Framis dentro del debate suscitado por el célebre artículo de Claire Bishop «Antagonism and Relational Aesthetics» («October» nº110, 2004), adscribiendo a cada artista, siguiendo este mismo orden, dichas formas de contrapoder artístico, y renovando así, a la femenina, la dicotomía Sierra/Gillick con la de Margolles/Framis. Pero, como ya hemos advertido en otros escritos («Fuego amigo», CENDEAC, 2015), preferimos sumar, más que dividir. Porque, además, no podemos considerar que el mensaje directo sea más efectivo que la generación de relaciones sociales a la hora de construir, potenciar y fortalecer la democracia radical. Ambos trabajos, el de Framis y el de Margolles —de los cuales no podemos decir que uno sea más encriptado que el otro—, suman con deslumbrante poder en la lucha simbólica contra la desigualdad, la opresión y la violencia contra las mujeres.

Teresa Margolles (Culiacán, México, 1963) ocupa una gran pared de la sala con su obra «Pesquisas» (2016). Una instalación mural de 30 impresiones en color de fotografías de carteles de mujeres desaparecidas que cubren las calles de Ciudad Juárez, México. La imagen en fotocopia de mujeres desaparecidas ha cubierto las paredes de las calles de Ciudad Juárez desde finales de los años 90 hasta la actualidad. Allí se denomina «pesquisas» a los carteles con la fotografía y los datos de las víctimas. A través de los años, la información de estos carteles se va decolorando, desvaneciendo, mutilándose, convirtiéndose en parte del paisaje urbano. Agentes externos, como el clima y las personas, intervienen en la transformación de estos documentos llegando a ser, en ocasiones, irreconocibles. Aunque ha habido intentos por parte del municipio de prohibir el empapelamiento de los muros de la ciudad, las pesquisas continúan. Es el reclamo de los familiares y de la sociedad civil ante la tragedia. De 2012 a 2016, año en que Margolles realiza la pieza, la Comisión Internacional de Derechos Humanos destacaba que habían desaparecido más de 7.000 mujeres en México. Hoy por hoy el número es mucho más elevado.

Esta denuncia poética del feminicidio que presenta Margolles es flanqueada por el registro videográfico de dos acciones de Alicia Framis (Barcelona, 1967) que se proyectan en las paredes adjuntas. Por un lado, «The Walking Ceiling» (2018), performance realizada recientemente para su gran exposición “Pabellón de género” en la sala Alcalá 31 de Madrid, en la que se denuncia el “techo de cristal”. La artista pidió a mujeres profesionales de Madrid que la ayudaran a portar una placa de cristal de tres por dos metros. La placa se apoya en las cabezas de estas trabajadoras “white collar” gracias a una almohadilla que evita que el cristal se deslice y amortigua las vibraciones. Este elemento recuerda sutilmente a la mujeres africanas que portan agua o víveres y contrasta con lo aséptico de toda la acción, que se desarrolla en silencio, con el movimiento de las mujeres al mismo paso y las manos con guantes. Una puesta en escena con la que la artista quiere provocar «contrariamente a lo que se piense en un primer momento, un efecto liberador de una opresión latente». (Framis, «El techo andante», p. 97)

Enfrentada a la proyección de este video encontramos «8 de junio, libran las modelos» (2006), una obra que se creó en respuesta a la invitación de Enrique Loewe a participar en la exposición «Take me with you», que fue parte de la celebración del 160 aniversario de Loewe. A veinte artistas se les pidió que analizaran la relación entre las personas y sus bolsos. Así que Framis aplicó un audaz cambio de roles. El 8 de junio de 2006 se celebró una manifestación de protesta en Madrid contra el uso de modelos esqueléticas en las pasarelas y anuncios. La artista, por tanto, no contrató modelos femeninas –las cuales tenían el día libre para manifestarse–, sino modelos masculinos que, con un mero bolso de lujo en la mano, subieron a la pasarela totalmente desnudos. Los asesores de Loewe decidieron que este tipo de propuesta de arte era inapropiado para la compañía y para la audiencia VIP. Se contaba con la asistencia de la Familia Real a la inauguración, hecho que desencadenó que la actuación fuera censurada y cancelada minutos después de la presentación a la prensa internacional.

Por su parte, Raisa Maudit (Los Llanos de Aridane, La Palma, 1986) realizará el performance participativo «Twerking para la revolución: a las barricadas papi» (2015) el 14 de marzo en la Sala de Cristal del Cabildo de Gran Canaria, permaneciendo luego en este espacio hasta el día 26 de marzo los elementos utilizados en el performance, así como una gran pantalla con el vídeo tutorial que guía la acción.

El trabajo de Maudit se define en representaciones de deseos, construcciones, contradicciones y expectativas construidas en los limites de la disidencia: el postanarquismo, el transfeminismo, la cultura popular, la identidad, el cuerpo como herramienta o el ocultismo son temas recurrentes en su obra. Cercana al movimiento queer, desdibuja los estereotipos de género y utiliza las redes sociales más que como un medio de difusión como un medio de creación en sí. Para «Es personal», la artista palmera presenta un video tutorial interactivo en el que, usando el twerking como hilo conductor, «jugamos, bailamos, sudamos para entender nuestro mundo en torno a “La Revolución” a través de la identificación con tres grupos dentro del estrato social: “Autoridad”, “Oposición a la autoridad” y “Ejecutores de la autoridad”». En la acción, una vez identificados los participantes, habrán de situarse en alguno de esos grupos y, con los pasos de twerking aprendidos en la masterclass, tendrán que enfrentarse en una suerte de ‘guerra civil’ a tres bandas en la que solo puede quedar uno/a.